
El “certificado de eficiencia energética”, que tendrá una validez de diez años, es un documento que describirá lo eficaz que es una vivienda en cuanto al consumo de energía. Hasta ahora en España sólo se exige un documento semejante para los edificios de nueva construcción – o grandes rehabilitaciones – pero Europa obliga a que este certificado lo posea toda vivienda que salga al mercado, tanto en venta como en alquiler y tanto si es nueva como si es de segunda mano.

La etiqueta clasifica cada inmueble con un código de color según una escala que va de la categoría “A” (la más eficiente) a la “G” (la menos eficiente), similar al que ya se utilizan en las viviendas nuevas o en los electrodomésticos.
El propietario de la vivienda, edificio o local será el responsable de obtener y abonar el coste de este certificado, obligatorio para poder vender o alquilar su casa. Además del estudio para obtener el certificado, cada vivienda analizada recibirá una serie de recomendaciones de mejora que permitirán aumentar al menos un nivel en la escala de eficiencia energética si la calificación es “B” o “C”, o dos cuando la vivienda originalmente cuenta con una calificación “D”, “E”, “F” o “G”.

El fomento de la eficiencia energética de edificios y viviendas forma parte de las prioridades europeas desde 2002, cuando se aprobó la Directiva 2002/91/CE del Parlamento Europeo.
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